Hospital Clínico Universidad de Chile
30/07/2026
Hospital Clínico Universidad de Chile

Investigadores de nuestro Hospital identifican posible alerta temprana para anticipar daño renal agudo

Los equipos de Nefrología y Anestesia realizaron un estudio que demostró el potencial de la hormona FGF-23 como marcador temprano de daño renal agudo tras una nefrectomía parcial. La investigación liderada por el Dr. Luis Toro, nefrólogo de nuestro Hospital, explica cómo este hallazgo abre las puertas para detectar precozmente esta complicación, contribuir a tomar mejores decisiones terapéuticas y mejorar el pronóstico de quiénes lo presentan.

El daño renal agudo es una complicación que puede afectar al 39% de los pacientes sometidos a una nefrectomía parcial, una cirugía en la que se extirpa parte del riñón, tratando de conservar la mayor parte de tejido sano. Durante este procedimiento es necesario interrumpir temporalmente el flujo sanguíneo hacia el órgano, situación que puede favorecer la aparición del daño. Actualmente la principal herramienta diagnóstica para detectarlo es la creatinina en sangre, un marcador que puede tardar alrededor de 48 horas en llegar, lo que implica un tiempo de espera demasiado largo.

“El daño renal agudo se ha asociado a peores desenlaces clínicos, más complicaciones y una mayor mortalidad a largo plazo. Algunas de sus causas no son del todo claras. Sabemos que se relaciona con una mayor edad de los pacientes, la presencia de otras enfermedades y con el propio estrés de la cirugía. La idea es tratar de caracterizar mejor esta condición y encontrar formas de predecir su desarrollo”, explicó el Dr. Toro.

El estudio titulado “Fibroblast growth factor-23 as an early biomarker of ischemic acute kidney injury after partial nephrectomy: prospective observational study” fue publicado por la revista Scientific Reports. Los investigadores siguieron a 43 pacientes sometidos a nefrectomía parcial, midiendo en su sangre los niveles de una hormona llamada FGF-23, producida principalmente por el tejido óseo. Según señaló: “En la insuficiencia renal aguda aumentan varias sustancias debido a la inflamación que ocurre en el riñón. Se liberan moléculas que llegan a distintos tejidos, entre estos, el hueso. En el hueso aumenta la producción de la hormona FGF-23, que regula entre otras cosas los niveles de fósforo, avisándole al riñón que debe eliminarlo. Si el riñón funciona mal, se produce más FGF-23”.

Y agregó: “El primer hallazgo es encontrar que este marcador, el FGF23, aumenta en pacientes que se someten a la cirugía, incluso en etapas iniciales de enfermedad renal. Encontramos que aumenta desde el primer momento y se condice con el desarrollo de insuficiencia renal durante las horas o días siguientes. De ahí se abre esta posibilidad de predecir a los pacientes de mayor riesgo, ya que algunos pueden ser susceptibles a otras terapias, evitar ciertos fármacos o agregar ciertas intervenciones que podrían ser más beneficiosas”.

En este sentido, la importancia de este resultado radica en la rapidez con la que actúa este marcador en comparación con la creatinina. “La creatinina es un indicador tardío. Cuando aumenta, no hay duda de que existe daño renal, pero generalmente éste ya es importante. La idea es llegar antes de que suba la creatinina, antes de que disminuya la función de los riñones, cuando recién están sufriendo. Mientras tanto, el aumento de la FGF-23 es más abrupto y se puede pesquisar de forma relativamente simple: a las pocas horas se puede detectar en los pacientes, antes de que se altere la función de los riñones”, indicó.

Por otro lado, un segundo hallazgo que el equipo observó fue que la magnitud del aumento de la hormona se relaciona con la gravedad del daño: a mayor elevación, mayor probabilidad de desarrollar una insuficiencia renal severa. Sin embargo, el nivel exacto de daño sigue siendo difícil de anticipar por completo. “El daño renal agudo todavía es difícil de predecir. Si bien hay pacientes de más riesgo, a veces en dos pacientes de igual riesgo, uno desarrolla daño renal y el otro no. Esto no se puede saber a priori. Por eso, contar con estos marcadores es importante. Si bien nos falta estandarizar la medición del nivel de daño, ya podemos señalar que nos muestra cuando existe daño”.

En este artículo, donde además del Dr. Toro participaron los doctores Nicolás Valls, Constanza Alzola, Fernando Marchant, Rodrigo Alzamora y Antonello Penna, se abre una nueva alternativa para la medicina nacional, ya que instala un punto de partida para evitar el daño renal agudo. El investigador fue enfático en señalar que detectar el problema no es suficiente si no se traduce en acciones concretas para el paciente: “Pesquisar algo para no hacer nada, la verdad no sirve. Sirve para investigación, pero lo que a mí me interesa es que la persona no se haga daño o que su daño no sea tan severo. Entonces, el pesquisar precozmente podría ofrecer estrategias de tratamiento como evitar ciertos medicamentos o sumar intervenciones específicas durante o después de la cirugía”.

De cara al futuro, el equipo busca ampliar este estudio a otros centros de salud para confirmar sus hallazgos y determinar valores de referencia estandarizados para este nuevo marcador. “Los siguientes pasos son, primero, aumentar el tamaño. Debemos hacer este estudio con un mayor número de pacientes, reproducirlo en más centros, poder confirmar que la hipótesis sea correcta y demostrar cuáles serían los valores de corte. Todavía este es un método que no está estandarizado y si no tengo un valor determinado, cómo voy a saber si eso es alto o bajo o cuánto daño hay. También a estos pacientes hay que diseñarles estrategias. Se han planteado varias en la literatura: algunas de estas no han funcionado, pero muchas de las razones son porque no llegamos a tiempo a los pacientes”, concluyó.

Por: Rocío Cortez

Edición General: Fernanda Farfán

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