Hospital Clínico Universidad de Chile
03/09/2026
Hospital Clínico Universidad de Chile

Cambio de hora: ¿Cómo facilitar la adaptación de niños y personas mayores?

El próximo sábado 5 de septiembre gran parte de Chile dará inicio al horario de verano, adelantando los relojes 60 minutos a las 12:00 horas. Este ajuste, aunque puede parecer menor, implica modificaciones temporales en los horarios de sueño, alimentación y actividad. Para conocer sus efectos y entregar recomendaciones que permitan una mejor adaptación, los doctores Gabriel Abudinén, Rafael Jara y Mariela Muñoz explican cómo enfrentar este cambio, con especial atención en las personas mayores y niños.

El organismo cuenta con un reloj biológico que regula los ciclos de sueño y vigilia de acuerdo con señales externas, principalmente la luz y oscuridad. Según el Dr. Gabriel Abudinén, neurólogo de nuestro Hospital, este sistema puede desajustarse con modificaciones bruscas como el cambio de hora, provocando insomnio, fatiga y somnolencia diurna. Además, puede tardar entre 3 y 5 días en adaptarse completamente, por lo que es importante adoptar hábitos que favorezcan una mejor adaptación, como mantener horarios regulares para dormir y despertar, evitar el uso de pantallas antes de acostarse y privilegiar ambientes adecuados para el descanso.

Personas mayores: rutinas, alimentación y ejercicio

En las personas mayores de 60 años, este proceso puede hacerse más pesado debido a las características propias del sueño en esta etapa de la vida. El geriatra Rafael Jara explica que el cambio de horario supone una exigencia importante para el sistema nervioso que regula los ritmos biológicos y puede aumentar la fragmentación del sueño y la somnolencia durante el día.

“Cuando se produce un adelanto de la hora, el día que queda disponible tiene más luz y parte más temprano. En general, las personas mayores son más sensibles a este cambio, en especial quienes tienen que cumplir horarios, por ejemplo, quienes todavía trabajan, cuidan a alguien o que viven en instituciones con rutinas establecidas. El cambio horario produce exigencias en el núcleo supraquiasmático, una estructura que nos sincroniza distintos sistemas fisiológicos con relación a las horas de luz diurna o la oscuridad nocturna. El sueño en la tercera edad tiene varias particularidades que se ven aumentadas con las exigencias sobre esta estructura. Es un sueño fragmentado, de baja calidad, donde además habrá más somnolencia diurna produciendo a su vez un mayor riesgo de caídas”, señala.

Estos efectos pueden repercutir también en otras actividades cotidianas. Durante el periodo de adaptación, pueden experimentar una disminución temporal del rendimiento cognitivo, mayor dificultad para concentrarse, cambios en el apetito o el estado de ánimo. El impacto puede ser especialmente relevante en quienes presentan algún grado de deterioro cognitivo, debido a posibles dificultades adicionales en la atención, memoria y planificación.

Sin embargo, el horario de verano también abre una oportunidad para aprovechar las horas adicionales de luz natural, especialmente en las personas mayores. “Una persona mayor que está con mayores exposiciones a la luz tiene muchos beneficios. Le mejora el ánimo. La luz tiene un efecto antidepresivo: es el principal estimulante de la producción de serotonina, estimulante natural. Si una persona dispone de más horas de luz puede hacer más vida social, puede salir hasta más tarde, puede planificar hasta más tarde sus tareas”, explica el geriatra.

Frente a ello, mantener una rutina lo más regular posible es una de las recomendaciones principales para facilitar la adaptación. El especialista indica poner especial atención en los horarios de sueño, una alimentación equilibrada y la actividad física. “Primero, y esto debiera ser una política pública, debería haber un anuncio más anticipado del cambio de hora para poder trabajar de forma paulatina la modificación de la rutina. Segundo, hacer actividad física. Mientras más actividad física haya, mejor calidad de sueño y de todas las funciones dependientes de él. También mejora el ánimo, la cognición, la adaptación respiratoria, la digestión, etc. Tercero, mantener una alimentación regular y rica en frutas y verduras para estimular la calidad de la vigilia por la actividad de la formación reticular, que es la estructura del cerebro que nos indica dormir o despertar”.

En el caso de las personas mayores con daño cognitivo severo, el proceso requiere además del acompañamiento de quienes están a su cargo. Más que exigir una adaptación inmediata, el Dr. Jara llama a “tener una actitud tolerante respecto a la disposición de esta persona y no hacer cambios tan bruscos. Si se puede, adaptar la rutina en forma gradual; ser comprensivos si esta persona se queja o se desorienta más de lo habitual o si tiene alguna alteración del ánimo y ser lo más apoyadores posibles. Los mayores en estas circunstancias, cuando tienen una buena compañía y tienen contención verbal, atención afectiva y estimulación cognitiva, están mejor”, concluye el especialista.

Niños: rutinas de sueño consistentes

En los niños, el cambio de hora se suma a una necesidad de sueño que es particularmente relevante para su desarrollo y que se va a ver afectada por la extensión de horas de luz en el día. Como explica la Dra. Mariela Muñoz, jefa del Servicio de Pediatría, las horas requeridas varían según la edad: desde alrededor de 15 a 17 horas en los primeros meses de vida hasta entre 8 y 10 horas en la adolescencia.

En este contexto, establecer una rutina clara y constante se vuelve fundamental. Según la Dra. Muñoz, esto ayudaría a que el niño se prepare física y emocionalmente para descansar. “Es importante definir horarios regulares para acostarse y levantarse, incluyendo los fines de semana. Se debe crear una rutina con ambiente tranquilo previo al sueño, mantener un ambiente adecuado que sea oscuro y silencioso, y evitar pantallas al menos dos horas antes de dormir”.

Finalmente, la pediatra recomienda acompañar el proceso con ajustes progresivos y hábitos saludables que faciliten la adaptación. “Se sugiere adelantar o retrasar gradualmente los horarios de sueño en los días previos (15–20 minutos por día), exponer a los niños a luz natural en la mañana para ayudar a regular el reloj biológico y mantener rutinas estables de alimentación, actividad física para gastar energía y descanso. También es importante evitar siestas muy tardías o prolongadas”.

Por: Rocío Cortez

Edición General: Fernanda Farfán

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